El padre Javier Giraldo es coherencia, compromiso, solidaridad, ternura y elocuencia.
Su voz serena guarda la contundencia de la verdad sin titubeos, sin falsas diplomacias o neutralidades religiosas cómplices del holocausto.
Su paso seguro y lento sin las prisas mundanas de la propaganda y las primeras planas de los periódicos deja constancia histórica y miles de certezas sobre la violencia en Colombia.
Amparado por orishas, dioses, ancestras y ancestros recorrió los rincones más apartados de la tierra donde su aliento y su palabra seco lágrimas y sano las heridas profundas provocadas por el genocidio en muchos lugares del mundo.
Solo, sencillo, melancólico o muchas veces hombro a hombro con su pueblo dio amparo a la madre naturaleza a la única que verdaderamente le hizo la venia.
No fue un sacerdote de altares, iglesias o reverencias. Sus obras magnas son tratados extensos en los que los nombres de las victimas están trenzados con historias de vida y de lucha, cuidadosamente atesorados en su corazón.
Gran pensador, filosofo consecuente y por ello perseguido; al que la simple etiqueta de defensor de los derechos humanos, no alcanza dimensionar su creación.
Prefirió tomarse la cicuta mil veces y morir lentamente, que doblegarse ante el poder, y mucho menos callar la verdad y los nombres de los verdugos so pena de la amenaza y la persecución.
Sentir hasta lo más profundo, para no entrar, ni caer en la trampa.
Su alta dignidad, respeto por la vida y conocimiento detallado de los entramados de la crueldad, quedaron retratados para siempre en sus publicaciones
Gracias a su rigor académico, millones de víctimas de la violencia política en el mundo tienen un lugar en la historia.
Es momento de retomar la fuerza colectiva por él liderada en los tribunales permanentes de los pueblos y los caminos de la niebla, volver tras los pasos perdidos de la guerra, adentrarnos en las reflexiones para entender que «solo es posible modular respiros jadeantes apoyados en la ilusión de ideales jurídicos y éticos ya ahogados en el lodazal», como sabiamente lo escribió.
Sus escritos sobre el cristianismo y la revolución, sustentan con profunda lucidez las proyecciones de la época .
Como padre buscador no tuvo un minuto de sociego hasta encontrar los restos de Camilo Torres Restrepo. De su mano brotaron como memoria viva los mensajes de Camilo él sociólogo, él académico él estadista y él guerrillero sonriente con quien predicó que para amar al prójimo no bastaba con la caridad, sino que era necesario cambiar las estructuras injustas de la sociedad.
Gracias padre por su compromiso con la vida, amor y solidaridad eficaz, usted es y será por siempre nuestra reserva ética para continuar.
Berenice Celeita Alayon
Agosto 2026 – Tiempos de eclipses.
Padre Javier Giraldo, Sacerdote Jesuita